Hospital Clínico Regional

Sala de Prensa

Paciente angelino llamó a respetar voluntad de donación

Miercoles, 14 de Enero de 2026

Tras someterse a un exitoso trasplante cardiaco

Carlos Omar Pincheira Arriagada tiene actualmente 45 años. Es oriundo de Los Ángeles y fue funcionario del Samu en Biobío hasta el 2015, cuando su corazón lo alertó que estaba frente a la peor emergencia médica que debería atender. “Empecé con problemas cardiacos y no pude seguir trabajando. Me detectaron una miocardiopatía dilatada severa y ahí empezó la historia”. 

Con medicamentos y un dispositivo automático implantable, similar a un marcapasos, Carlos pudo continuar en monitoreo constante e iniciar otros tratamientos. “Era como mi seguro de vida, en caso de que hiciera alguna taquicardia que fuera un episodio más prolongado o de muerte”. 

Sin embargo, el deterioro fue progresando y, tras una década, no hubo más remedio que enlistarse para esperar el milagro de un procuramiento que le otorgara la opción de trasplantar su corazón. “A Dios gracias hemos llegado a buen término porque, en octubre, hice dos paros en Los Ángeles. 

Me trasladaron a la UCO de acá y esperé casi dos meses. El 12 de diciembre se produjo mi trasplante”, pese a que la intervención no estuvo exenta de complicaciones. 

Llegué consciente hasta entrar al pabellón, después no me acuerdo de nada. Me dijeron que estuve inconsciente ocho días conectado a Ecmo y ahí supe que el equipo de la UCO se la jugó por mí. Hicieron un trabajo espectacular. Recuperé el conocimiento el 23 de diciembre”. 

El paciente agregó: “alguien tenía que pagar las consecuencias de eso y fue mi riñoncito el que quedó con algunos problemas de filtración, pero que están tratando de solucionarlo con diálisis”, relató con esperanza, este miércoles, día de su traslado al hospital angelino. “Me voy esperando revertir mi condición renal, porque el corazón funcionó bien. Se acopló bien y quiere decir que el trasplante fue un éxito”, aseguró. 

Finalmente, Pincheira tuvo palabras para quienes interrumpen post mortem el voluntarioso deseo de sus fallecidos. “Lamentablemente, los seres humanos somos egoístas. Aunque desprendernos de algo importante en la vida, cuesta, sobre todo si son órganos de un familiar que se quiere mucho y se le estima”, dice. 

“Llamo a la ciudadanía a pensar en la importancia de la donación de órganos. Yo tuve el regalo y la bendición de que me llegara un nuevo corazón que me va a ayudar a hacer mi vida normal, pero hay muchos niños, jóvenes y adultos que esperan, en condición grave y personas que tienen su consentimiento a favor de donar, pero son los familiares quienes se niegan finalmente. Creo que hay que aprender a respetar la voluntad de las personas”, apeló. 

“Esa mañana me dijeron que me iban a preparar porque había aparecido un donante. Pensé en muchas cosas: tuve mucha emoción, susto, alegría porque venía una nueva vida, pero nada hizo presagiar que venían cosas complicadas. 

"

Tags: